Sentado en una silla blanca plástica,
Julio Toro seguía las incidencias del desafío.
Carlos Arroyo y
Larry Ayuso compartían el balón en el perímetro, y
Toro los observaba detenidamente. Había silencio en sus labios. No les ofrecía instrucciones como en el pasado. Y no tenía razón para hacerlo.
MAS